En Castilla y León tenemos un patrimonio del que nos sentimos muy orgullosos y no solo referido a las catedrales y a los castillos… Nuestros campos, nuestros rebaños son parte de nuestra identidad, son parte de nuestras tradiciones y tenemos el privilegio de poder trasladarlo al plato más representativo de nuestra comunidad: El Lechazo IGP de Castilla y León.
Es importante saber distinguir un auténtico Lechazo IGP, la primera diferencia que vemos es la vitola que lleva colocada en cada una de sus patas pero la diferencia real es lo que representa esta vitola y lo que esta vitola nos garantiza. Los Lechazos amparados por el Consejo Regulador IGP Lechazo de Castilla y León, proceden de nuestras razas autóctonas: churra, castellana y ojalada y son lechazos criados como se ha hecho siempre, ovejas pastando en el campo, y lechazos alimentados exclusivamente con leche materna, esto hace que tengan unas propiedades únicas en cuanto a su terneza, jugosidad, sabor y textura.
Detrás de cada uno de estos lechazos, hay más de 700 familias ganaderas inscritas en el Consejo Regulador IGP de Castilla y León que mantienen vivos nuestros pueblos, conservan la tradición del pastoreo y protegen nuestro entorno natural. Consumir Lechazo IGP durante todo el año es la mejor forma de apoyar directamente al mundo rural y disfrutar de un producto gastronómico único.
Recuerde que al adquirir su Lechazo de IGP debe fijarse en que lleve colocadas las vitolas rojas en cada una de sus patas, con el logo de IGP, de esta manera se garantiza una calidad diferenciada que permite que las familias ganaderas puedan seguir viviendo de este oficio y que nosotros podamos seguir disfrutando de nuestras tradiciones en la mesa.






